se convierte en interminables días.
Encontró los fragmentos de todo aquello que había olvidado,
ahí, donde los mañanas se tornan lentos y los ayeres toman las riendas
y los pensamientos se dirigen a la comparación.
Mutilada ante las glorias vecinas, asume su papel con resignación;
ocultando sus gestos zurcidos con eso tan "bello" que llaman amor.
Cepillando su manera de pensar enredó sus dedos en la suave
seda que sostienen todos sus encantos.
Preguntándose como los mañanas están siempre a punto de llegar
pero no aterrizan nunca...
Obscurece y las estrellas reclaman lo que fácil un día se hizo prometer.
Respira el deseo que se tibia con la nostalgia y termina por enredarle el alma
y con eso se lleva, la vanidad, la juventud, las esperanzas, la vida entera
en un abrazo subliminal.
Testaruda como siempre guarda lo mejor de si
revolviendo las tentaciones que le han cautivado.
Colecciona ira y así se la va pasando, resolviendo razones
con silencios que exterminan todas sus respuestas.
Los lamentos nunca han cambiado nada
solo el semblante sobre el rostro de quien los tiene,
obscurece y los instantes se convierten
en la eternidad que ahora le hace falta.
Maria Dolores Marín Hernández